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lunes, 1 de diciembre de 2014

El reactor experimental de fusión ITER para crear un Sol en la Tierra

En Saint-Paul-lez-Durance, en las estribaciones provenzales de los Alpes, entre valles boscosos, el río Durance y el parque natural de Verdon, una poderosa coalición multinacional construye un cofre que un día guardará en su interior un Sol en la Tierra, que brillará a 150 millones de grados con un solo gramo de tritio. Cuando terminen el cofre, lo cerrarán, encenderán el sol y tirarán la llave al mar.
En realidad, el formidable recinto de hormigón y acero que contendrá el primer reactor de fusión del ITER (International Thermonuclear Experimental Reactor) en Cadarache no necesita llave alguna, porque no tendrá puertas. Cuando la obra esté concluida, en torno a 2019, el edificio quedará sellado al vacío, sin acceso alguno de entrada y salida. Nadie debería volver a ver su interior, excepto a través de las cámaras de control, hasta el día en que sea desmantelado, en torno a 2050.
Para la reacción de fusión es necesario evacuar todo el aire y polvo ambiental en la vasija del reactor y su aislamiento criogénico. Si fuera imprescindible acceder al edificio «habría que cortar un bloque de la pared», explica ante una maqueta el director general adjunto de ITER, el español Carlos Alejaldre, responsable de calidad y seguridad (en el doble sentido, Safety, Quality and Security). Las operaciones en el reactor se harán con grúas y brazos robóticos.
De momento, bajo el amable sol mediterráneo, se acumulan etapas de cemento y hormigón, recién concluidos en agosto los cimientos antisísmicos del reactor. El complejo tendrá 39 edificios. El ITER es un inmenso solar del futuro, que sólo se puede vislumbrar en planos.
El objetivo es una reacción de fusión para generar energía «abundante, barata y limpia», en un tipo de reactor llamado Tokamak. El proceso se inspira en el Sol, que fusiona ingentes cantidades de hidrógeno. Pero lo que ocurrirá en el ITER, no será igual. «La luz que recibimos del Sol tarda ocho minutos en llegar hasta nosotros, pero es el producto de una reacción que ocurrió en su núcleo hace casi un millón de años», explica Alejaldre. En el núcleo del Sol hay temperaturas de unos 15 millones de grados y en su superficie, unos 6.000 grados.

EL SUEÑO DE LA FUSIÓN

En el Tokamak habrá una reacción nuclear opuesta a la de las centrales de fisión en funcionamiento. En éstas, los átomos pesados de uranio «se rompen» y liberan abundantes partículas. En la fusión se unen dos átomos ligeros para crear uno más pesado. El combustible serán dos isótopos de hidrógeno: deuterio (abundante en el agua de mar) y tritio (muy escaso, al ITER se lo suministrará un reactor canadiense). El átomo de deuterio tiene un protón y un neutrón; el de tritio, un protón y dos neutrones. Al unirse forman un átomo de helio (gas inerte), con dos protones y dos electrones, liberando energía y un neutrón.
Obras del ITER en Cadarache. 
El proceso no genera residuos radiactivos de larga vida y precisa una mínima cantidad de combustible: una carga con deuterio y un solo gramo de tritio se convertirá en plasma, a temperaturas de hasta 150 millones de grados, sometido a corrientes eléctricas creadas por inducción mediante campos magnéticos generados por 10 toneladas de electroimanes.
El plasma confinado en la vasija gira a gran velocidad, elevando su temperatura mientras los átomos colisionan, se unen y se desprenden neutrones. La meta es que el reactor produzca 10 veces más de la energía que consume. Esperan lograrlo dentro de unos 15 años.
Hasta ahora, el mayor éxito de fusión fue en septiembre de 2013. En los laboratorios National Ignition de Lawrence Livermore (EEUU), calentando el plasma con láseres, lograron una «ganancia de energía superior a uno». El reactor ITER se diseñó para consumir 50 megavatios y producir 500.
Pero el Tokamak de Saint-Paul-lez-Durance jamás suministrará energía a la red eléctrica. «No. Es un reactor experimental. No está diseñado para la producción», aclara Alejaldre, que explica que funcionará durante breves periodos, con una sucesión de arranques y paradas consecutivos: «Los disparos o descargas, tendrán una duración entre 300 y 500 segundos en una primera fase, en los que se consumirá (quemará) menos de un gramo de tritio. En una fase posterior se puede llegar hasta 3.000 segundos. El tiempo entre descargas o experimentos será de una media hora y la idea es investigar de una manera continuada durante al menos dos turnos de trabajo».
«Es un primer paso. El siguiente será la construcción de un nuevo reactor, un prototipo que llamamos DEMO, que sí podría producir energía para el consumo, mediante turbinas movidas por vapor generado con el calor. Todavía no se sabe quiénes, ni cómo, ni dónde se hará, aunque tengo la percepción de que China está muy interesada. No me sorprendería que diera el paso adelante para construir el DEMO, incluso antes de acabar esta etapa experimental», indica el científico.
El experimento ITER es una máquina de producir conocimiento.«Es el acuerdo: cada país fabrica determinados elementos, investiga y desarrolla la tecnología necesaria. Pero todos comparten con todos el conocimiento y la experiencia para que cada uno de los países socios esté al final en condiciones de construir con seguridad y garantías en su territorio sus propios reactores de fusión».

FARAONES DEL SIGLO XXI

La escala es la de una obra faraónica. El gran edificio que alberga el Tokamak se apoya en otra enorme instalación contigua de ensamblaje. El reactor usa tres sistemas para generar campos magnéticos: 18 bobinas toroidales (80.000 kilómetros de superconductores) cubren las paredes de la vasija; hay un solenoide en el eje central y seis bobinas horizontales que abrazan la estructura para crear un campo poloidal. Estas son tan grandes, de ocho a 24 metros de diámetro, que no se pueden transportar. Tendrán que ensamblarlas en el sitio.
El ITER costará más de 15.000 millones de euros. Se han construido carreteras especiales desde el puerto de Marsella (a 70 kilómetros, aunque la ruta elegida, por los puentes y zonas de paso, son 104 kilómetros). Por ellas circularán vehículos de hasta 10,4 metros de alto, de hasta 33 metros de largo y de hasta 9 metros de ancho, con cargas de hasta 800 toneladas. Se prevén 257 convoyes excepcionales.
Recreación del aspecto que tendrá el complejo del ITER. 
Toda esa desaforada magnitud encaja con el peculiar nacimiento del proyecto, engendrado en la cumbre del deshielo entre el presidente de EEUU Ronald Reagan y el último presidente de la Unión Soviética, Mijail Gorbachov. Fue en Ginebra, en noviembre de 1985, con el presidente francés François Mitterrand y la primera ministra británica Margaret Thatcher. El líder soviético propuso un proyecto internacional para desarrollar la energía de fusión con fines pacíficos. La URSS estaba en ello desde los años 50. Tokamak es un acrónimo de palabras rusas: «cámara toroidal con bobinas magnéticas».
El proyecto ITER lo forman siete socios: Unión Europea, Estados Unidos, China, Rusia, Japón, India y Corea del Sur. La UE (28 naciones) participa con un 45,4%. Los otros seis, con el 9,1% cada uno. Parte de las aportaciones al presupuesto son «en especie». Cada uno construye componentes específicos según encargos acordes con sus porcentajes y capacidad tecnológica. La organización exige que cada elemento cumpla rigurosamente niveles de calidad y precisión, pero si algún socio gasta mucho más, o menos, produciendo sus encargos, el coste es un asunto interno.
Los socios de ITER eligieron la sede por unanimidad. La candidatura de Tarragona planteada por el Gobierno de Aznar fracasó frente a Cadarache. Vandellós no tenía apoyos cuando en noviembre de 2003 se eligió a la candidata europea. Finalmente, en junio de 2005,Francia venció a Japón en la batalla internacional por acoger el proyecto y Cadarache fue seleccionada en detrimento de Rokkasho.
En Cadarache hay otras instalaciones nucleares y un pequeño Tokamak. «Los habitantes de la zona saben que esto no comporta riesgos como los de una central nuclear», asegura Alejaldre. «No es que no haya radiación alguna. Sí la hay, dentro del reactor, de baja intensidad. Los paneles metálicos se 'activan' con los neutrones liberados y se van sustituyendo. Si hubiera una fuga, sólo podría ser un mínimo de gas que se diluiría en el aire».
El agua para enfriar el sistema será depurada («no tendrá radiación») y reciclada. Y Alejaldre esgrime un último argumento de garantía: «El edificio donde trabajarán los científicos estará frente al reactor, a muy pocos metros. Ellos saben lo que hacen. ¿Qué más prueba de confianza puede haber?».


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¿Por que es tan difícil obtener energía de la fusión nuclear?

Hace unos días se publicó en El Mundo un magnífico artículo sobre la fusión Nuclear y la construcción del ITER en Cadarache, en la Occitania francesa. Llevamos esperando 60 años a que los físicos del plasma consigan algún avance en la fusión controlada, y mantenida a lo largo del tiempo del hidrógeno, que pueda proporcionar energía de sobra y más barata que la que nos llega del reactor natural de fusión que es el Sol, todos los días del año a la superficie de la Tierra de forma totalmente gratuita.
En la historia de la tecnología humana los desarrollos se han logrado, una vez puestos a ello, en no más de una década. Cuando se intenta poner en marcha una nueva tecnología y se emplea en ello más de seis décadas sin resultado alguno, es evidente que esa tecnología no puede ponerse en marcha. Eso sí, subvenciones para el intento, 60 años de ellas y sustanciosas.
En el Sol la fusión se produce mediante explosiones incontroladas, mediante secuencias continuas de bombas de hidrógeno. El problema de la fusión en la Tierra es que la queremos controlada.
Para establecer la fusión entre dos isótopos pesados del hidrógeno, dos núcleos de tritio, hace falta que éstos se acerquen mucho entre sí, que se acerquen tanto que la repulsión eléctrica entre los protones cargados positivamente pueda ser superada de forma que los neutrones del tritio se combinen con los protones para formar el átomo neutro del helio, liberando energía de sobra en el proceso.
En el Sol este acercamiento está producido, a través de un sistema muy complejo de interacciones, por la fuerza de la gravedad. En la Tierra, en el ITER de Cadarache se quiere conseguir ese acercamiento mediante choques brutales de los iones lanzados unos contra otros dentro de anillos toroidales como dos camiones de decenas de toneladas que se dirigiesen a chocar directamente a 300 km/h. La diferencia está en las masas de los núcleos de tritio y las velocidades de decenas de miles de kilómetros por hora.
Ahora bien, ni los seres humanos ni la naturaleza somos capaces de controlar el movimiento de los iones individuales, ni de tritio ni de ningún otro elemento. Las reacciones en el Sol, cuando se unen dos núcleos de tritio, son aleatorias, de la misma manera que en las contadas ocasiones en las que se ha producido la fusión en los laboratorios humanos, ha sido producto de la casualidad al lanzar trillones de núcleos unos contra otros.
La diferencia entre el Sol y la Tierra es que allí las explosiones nucleares son la fuente de la energía, pero en la Tierra no las podemos aceptar. Se trata pues de mantener el flujo de núcleos de tritio equilibrado de manera exquisita para que sus energías permitan la fusión, pero no la explosión nuclear. 
Ni la naturaleza ni los seres humanos somos capaces de esa precisión en nuestra capacidad de control.
La idea tras el ITER es un producto de la mentalidad del siglo XX, derivada del pensamiento filosófico desarrollado en Europa desde 1600: Determinismo y soluciones finales.
En 1600 tras la reforma protestante y la contrarreforma católica, la ciencia comenzó su andadura. Se trataba de poner en marcha el conocimiento de la naturaleza mediante la razón validada siempre por el experimento,  como lo opuesto a la forma tradicional de verdades reveladas nunca se sabe a quien y nunca se sabe por parte de quien.
Pero a pesar de ser una forma de conocimiento que rechaza la revelación, la ciencia asumía, implícitamente, las ideas de causa eficiente, finalidad y determinismo, a lo que se añadió, en el siglo XIX, la idea de solución 'final' equivalente a una revelación pero alcanzada mediante el razonamiento. Viejos esquemas culturales trasplantados a una forma de razonamiento que se pretendía nueva.
Según esa filosofía implícita, la ciencia (según dicen Hawking, Penrose, Gell-Mann, y muchos otros) puede alcanzar modelos definitivos y finales de un universo que comenzó con una creación, aleatoria o volitiva, pero una creación concreta, en la ciencia, el Big Bang.
Parece que el ser humano vuelve una y otra vez a las mismas ideas primitivas, a pesar de sus supuestos avances mentales. Quizás no podemos, con el cerebro que tenemos, pensar de otra manera.
Pues bien, la idea del ITER deriva de estas ideas de soluciones finales y deterministas (aunque se sabe que los núcleos describen, dentro del reactor de Cadarache, trayectorias aleatorias). Se vende, y muchos físicos piensan que es real, la posibilidad de control absoluto de la naturaleza, rechazando la inevitable aleatorieidad de la misma.
El gas de núcleos de tritio a muy alta temperatura (plasma)  confinado en trayectorias toroidales dentro de un anillo envuelto en bobinas de cobre que crean campos magnéticos muy complicados, debe circular sin contaminación por otros átomos, sobre todo átomos pesados (hierro, cobre, metales diversos) que al absorber energía enfriarían el plasma. Esta es la razón de lo que se cuenta en el artículo citado de El Mundo de un recinto absolutamente sellado y, se supone, absolutamente limpio.
El problema real es que el ser humano no puede dejar nada absolutamente limpio, porque no puede manipular átomo a átomo los cuerpos y los sistemas macroscópicos. Hoy día podemos emitir electrones uno a uno de ciertas fuentes, pero una vez emitidos no podemos controlar sus trayectorias de manera exacta, pues las interacciones con el resto de los átomos del universo, a través de sus campos electromagnéticos, hacen que esas trayectorias tengan un fuerte componente aleatorio (que es, finalmente, lo que significa el principio de indeterminación de Heisenberg).
El dilema de la fusión es que es preciso el control atómico de unas trayectorias macroscópicas bajo la ligadura de la indeterminación y la existencia de quintillones de átomos y sus campos electromagnéticos en los contenedores del plasma.
La filosofía determinista y de resultados finales afirma (y consigue muchísimo dinero, pues los que tienen las llaves de las cajas fuertes llevan también esa filosofía firmemente embebida en sus mentes) que es posible controlar lo incontrolable. Sesenta años de tremendos esfuerzos muestran que no lo es.
Reconocer ésto es reconocer el fracaso, no de la ciencia, sino de una cierta filosofía que no deriva de la misma ciencia, sino de las ideas religiosas de los siglos anteriores.  Si la ciencia no tiene, ni puede tener el control total de la naturaleza, tampoco puede tener el control total de la vida. Si se reconoce ésto, ¿Con que cara se presentan a pedir el voto unas personas que lo hacen afirmando que tienen la solución a todos los problemas?
La realidad es que no hay soluciones finales, y que las soluciones parciales son bastante chapuceras, pero son las que hay.  La respuesta a esta realidad de la naturaleza es el principio de precaución: Si no hay nada seguro, establezcamos multitud de soluciones alternativas para garantizar no el funcionamiento perfecto, sino el mejor funcionamiento de entre los posibles que no son nunca los definitivos. Mantengamos la dinámica de correcciones constantes a nuestras trayectorias, sabiendo que aún con esas correcciones nunca seguiremos la trayectoria ideal, aunque quizás nos aproximemos a ella.
Un ejemplo quizás aclare lo que estoy escribiendo. En Julio de 2013 descarriló un tren Alvia en la estación de Santiago de Compostela. De las investigaciones posteriores se llegó al conocimiento de que los constructores y administradores de Renfe/ADIF habían asumido la solución final de que el maquinista no podía fallar: La idea determinista de cierta ingeniería. La realidad es los maquinistas fallan, como fallan los sistemas mecánicos. Colocar en el tren muchos sistemas de control: 1) Velocidad máxima según la posición del tren marcada mediante varios GPS independientes, 2) Detección de la curvatura de las vías y reducción inmediata d la velocidad a un máximo de acuerdo con esa curvatura, 3) Señales constantes de radio para el control de la atención del maquinista, etc., pueden reducir el riesgo de accidentes en varios órdenes de magnitud, sin aumentar apreciablemente los costes de fabricación y mantenimiento de los trenes.
Pero hacer ésto, como pensar que la fusión nuclear -controlada- no es una solución para el ansia humana de energía, es entrar en otra etapa mental de la humanidad: una etapa que reconoce la aleatoriedad intrínseca de la naturaleza, y la necesidad imprescindible de diseñar todos nuestros aparatos y formas de vida de acuerdo con ella, reconociendo una y otra vez que ''haremos lo imposible, pero nunca podremos garantizar nada de forma total''. 

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¿Por qué necesita la Tierra un escudo protector?

El espacio está tremendamente vacío de materia, pero por él viajan a la velocidad de la luz radiaciones electromagnéticas de alta energía y, un poco más despacio, partículas atómicas de la misma o mayor energía, si cabe.
La acción de radiaciones como la luz ultravioleta o los rayos gamma, o el choque de un rayo cósmico o un electrón de alta energía sobre una cadena de ADN resulta, normalmente, en un cambio de sitio algunas de las bases apareadas de la misma: Se producen mutaciones, por lo general inocuas, algunas veces dañinas y muy, muy raras veces, mutaciones que cambian las especies vivas, como probablemente ocurrió cuando aparecieron losHomo sapiens, y como es seguro que ocurrirá antes o después con nosotros, los sapiens, que desapareceremos para dejar sitio a una nueva especie humana.
Las radiaciones dañinas como la ultravioleta son detenidas por partículas, como el ozono al formarse constantemente. Las partículas potencialmente dañinas son desviadas por los campos electromagnéticos que rodean la Tierra. Parece curioso: las ondas son absorbidas por las partículas, las partículas desviadas por los campos. Es curioso porque nuestros compañeros físicos insisten una y otra vez que las partículas son realmente ondas, y las ondas partículas, pero siéndolo, la ondas no se comportan todas como partículas ni todas las partículas como ondas, y hay distinción entre los fotones y los electrones, entre las ondas electromagnéticas y las fuentes del campo electromagnético, los electrones oscilantes. No, por mucho que se quiera insistir, las partículas no son ondas ni las ondas partículas.
En los foros esotéricos (en los que incomprensiblemente hay físicos) se mueve una idea loca denominada hipótesis Gaia, o realmente hipótesis Tierra, puesto que Gaia es Tierra en griego. Es loca porque confunde causas con efectos, haciendo muy mala ciencia.
Si yo dejo caer una bola de acero desde una torre, la bola se acelera y su aceleración es 9.8 m/s2. La causa es la atracción entre la Tierra y la bola, y el efecto la aceleración. Nunca es causa de la atracción la aceleración de la bola.
De la misma manera vivimos en la Tierra porque causas totalmente naturales generan protección contra las interacciones del exterior. No se han creado las protecciones para que exista la vida aquí, en este rincón del Universo.
La Tierra atrae hacia su centro a toda la materia que tiene a su alrededor. Pero las moléculas o los iones gaseosos de la atmósfera además de la atracción hacia el centro de la Tierra, tienen velocidades distintas de cero, y velocidades muy elevadas, de manera que sin escapar de la atracción terrestre, forman delgadas, o delgadísimas películas, films de moléculas e iones que se mueven sin escapar alrededor del planeta. Los films se organizan a su vez en anillos como rosquillas rodeando el planeta.
En la alta atmósfera, las partículas son iones, partículas cargadas que se mueven a altas velocidades, como he dicho. Una carga eléctrica en movimiento genera, además de su campo eléctrico que va cambiando en el espacio al cambiar la posición de la carga, un campo magnético debido a su velocidad (es este un efecto relativista, una consecuencia de la diferencia de velocidades entre la carga que se mueve, y la que experimenta el campo magnético, pues si las velocidades son constantes, si no hay aceleración, ¿cual de las cargas esta moviéndose y cual en reposo?). Las rosquillas generan un campo electromagnético (EM) alrededor de la Tierra. Las llamamos anillos de radiación.
Las partículas cargadas que desde mucho más lejos que los últimos films de las rosquillas se acercan al planeta se ven desviadas en su camino por los campos electromagnéticos que esos films han generado, como una bola de acero que se acerca a un tobogán y cambia la dirección de su movimiento al resbalar por él.
Los primeros anillos de radiación que se detectaron fueron descubiertos por van Allen en la universidad de Iowa en 1958. Derivan de la existencia del campo magnético permanente de la Tierra, el campo que permite que funcionen las brújulas. El campo magnético organiza el gas de partículas cargadas (plasma) alrededor de la Tierra, en dos anillos en forma de rosquilla que la rodean salvo el agujero que tienen como toda rosquilla, y que va del polo magnético norte al sur.
El primer anillo va desde  unos 1000 km a 6000 km de la superficie de la Tierra y está esencialmente compuesto por electrones y protones de alta energía, probablemente procedentes de la descomposición de neutrones. Los neutrones se forma en la colisión de rayos cósmicos (núcleos de Helio de altísima energía ) con otros núcleos de gases de la alta atmósfera.
La segunda rosquilla se extiende desde los 13000 a los 60000 km, con un máximo de partículas cargadas entre 24000 y 30000 km. Las partículas son esencialmente electrones altamente energéticos, que desaparecen constantemente y son repuestos también de forma constante, y protones, núcleos de helio e iones de oxígeno.
El descubrimiento de que ha dado cuenta El Mundo esta semana es que el borde más cercano a la Tierra de esta rosquilla de partículas cargadas es impermeable a los electrones de alta energía (electrones que viajan con velocidades cercanas a las de la luz), es decir, que por algún motivo que la ciencia aún desconoce, cuando estos electrones se acercan al borde interior de la rosquilla son desviados en direcciones tangenciales y obligados a permanecer en el anillo sin salir nunca hacia la Tierra.
Estos ''misterios'' científicos son los que estimulan nuevos descubrimientos de cómo funciona la naturaleza (la física), mucho más que insistir sobre viejos modelos como el modelo estándar.
Las auroras boreales están causadas por las partículas de muy alta energía del viento solar atrapadas por el campo magnético de la Tierra allí donde desaparecen los anillos de radiación, cerca de los polos magnéticos de la Tierra. Estas partículas (electrones y protones, esencialmente) oscilan a lo largo de las líneas magnéticas externas de las rosquillas de van Allen y van bajado por ellas hasta desaparecer en la superficie donde las líneas magnéticas llegan al suelo. Los colores de las auroras se deben a las oscilaciones de las moléculas de oxígeno y nitrógeno de la atmósfera causadas por las partículas cargadas.
Tenemos pues unas zonas de radiación EM que protegen la vida en la Tierra, o al menos reducen la frecuencia de las mutaciones de manera drástica. ¿Están ahí puestas para protegerla?
La respuesta es un rotundo NO. El planeta es como una bahía tremendamente segura en una costa sometida a las tormentas. ¿Se formó la bahía para que los barcos se refugiaran en ella, o los barcos se refugian en ella porque la bahía existe?
Recordemos que las bahías se formaron en las costas muchísimo antes de que los barcos ni siquiera se hubiesen imaginado. Cientos de miles, quizas millones de años antes. Si pensamos que una mente todopoderosa creó las bahías para refugio de los barcos, tambien podemos pensar que podía haber organizado los mares y la atmósfera para que esto fuese innecesario, eliminando las tormentas.
La Tierra es un planeta que acoge a la vida, como la bahía segura acoge a los barcos. Las moléculas orgánicas que pueden encontrarse en los cometas y en el espacio exterior se formaron como las moléculas inorgánicas, por colisiones al azar entre sí de los átomos del Universo. Estas moléculas, si caen sobre Júpiter, Marte o Venus, desaparecen como un barco que se precipita contra un acantilado bajo una gran tormenta.
Esas mismas moléculas encuentran refugio en la Tierra, a una distancia del sol que permite la existencia de agua líquida, con un núcleo de hierro que genera campos magnéticos que atrapan plasma que protege a la superficie de las colisiones de partículas de alta energía.
¿Está la bahía creada para acoger al barco que huye del huracán? La Tierra no se creó para acoger a la vida, pero la vida se refugió en un planeta amable como los barcos que huyen de los huracanes se refugian en las bahías.
La hipótesis Gaia es falsa.


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jueves, 27 de noviembre de 2014

Los diez planetas más aptos para la vida fuera del Sistema Solar

1Gliese 667Cc

Desde que, en 1995, Michel Mayor y Didier Queloz descubrieran 51 Pegasi b, la lista de exoplanetas confirmados no ha dejado de crecer. Mundos alrededor de otras estrellas que hacen soñar tanto a los científicos como al público en general. Planetas, en su mayoría, muy diferentes al nuestro, pero que en ocasiones se parecen tremendamente a la Tierra.
En la actualidad, los astrónomos han encontrado ya 1.854 exoplanetas, y otros 4.173 esperan a ser confirmados para engrosar la lista. A este ritmo, dentro de apenas dos décadas el número de exoplanetas conocidos habrá superado con creces el millón.
Uno de los objetivos principales de esta búsqueda continua es, ni más ni menos, que encontrar un "gemelo" de la Tierra. Es decir, un planeta en el que se hayan podido dar las mismas circunstancias que en nuestro mundo natal. Uno en el que pueda existir la vida tal y como nosotros la conocemos y al que, quizá algún día, el hombre pueda viajar para establecerse.
De los 1.854 exoplanetas confirmados (al cierre de estas lineas), apenas 21 muestran alguna similitud con la Tierra. Y de esos 21, 10 se consideran "potencialmente habitables". La mayoría de estos diez mundos son mayores que la Tierra, y son aún muchas las dudas sobre su habitabilidad real. Sin embargo son, por el momento, lo más parecido a nosotros que tenemos.
Gliese 667Cc es el primer ejemplo. Se trata de una "Supertierra" descubierta en noviembre de 2011. Se encuentra a unos 22 años luz de nosotros (es decir, a unos 211 billones de km.) y su masa es unas 4,5 veces mayor que la de nuestro planeta. Su Indice de Similitud con la Tierra (IST, por sus siglas en inglés), es del 84%, el mayor de todos los exoplanetas descubiertos hasta ahora.
Se trata de un mundo rocoso y que probablemente contiene agua en estado líquido. Se estima que su temperatura media es de 13 grados centígrados, algo menor que la terrestre, que es de 15 grados centígrados. Gliese 667Cc tiene, además, una luminosidad próxima al 90% de la que tiene la Tierra. Su estrella, que forma parte de un sistema triple, tiene cerca de un tercio de la masa del Sol.

2Gliese 832 c

Su año dura apenas 36 días terrestres, pero su IST (Indice de Similitud con la Tierra) es del 81%. Su temperatura media se ha calculado en 22 grados, algo superior a la de la Tierra, y se encuentra a unos 16 años luz de distancia. Probablemente tiene agua líquida en abundancia. Su masa es, como mínimo, 5,5 veces la de nuestro planeta, y ha sido descubierto este mismo año. Su estrella, Gliese 832, es una enana roja con una masa que es cerca de la mitad de la del Sol.

3Kepler 283 c

Es uno de los dos planetas que orbitan la estrella Kepler 283. Es 1,8 veces mayor que la Tierra y completa una órbita alrededor de su estrella cada 93 días. Aunque se encuentra bastante más cerca de su estrella que la Tierra del Sol, se considera que el planeta podría tener agua, ya que Kepler 283 es bastante más fría que nuestro Sol.

4HD 40307 g

A 42 años luz de distancia de la Tierra, se encuentra justo en el centro de la zona de habitabilidad de su estrella, HD 40307. Fue descubierto en octubre de 2012 y posee una masa cerca de siete veces mayor que la de la Tierra. Su órbita se parece mucho a la de nuestro planeta y recibe de su estrella prácticamente la misma cantidad de luz que nosotros del Sol. Se cree que puede haber agua líquida en su superficie y, quizá, vida.

5Kapteyn b

Se encuentra a "solo" 13 años luz de la Tierra, cuya masa multiplica casi por cinco. Su año dura algo más de 48 días terrestres y se cree que es el planeta extrasolar más antiguo conocido, con una edad que rondaría los 11.000 millones de años (la tierra tiene 4.700 millones de años). Los investigadores creen que se trata de un planeta cubierto por montañas.

6Kepler 62 f

Se trata de una Supertierra situada a unos 1.200 años luz y con muchas posibilidades de tener agua sobre su superficie. Algunos piensan, incluso, que estaría completamente cubierta por un enorme océano. Su masa es casi tres veces la terrestre, completa una órbita alrededor de su estrella en 267 días y fue descubierto en 2013. La revista Science le dedicó un artículo titulado "¿Hemos descubierto otras Tierras? en mayo de ese mismo año.

7Kepler 186 f

Fue el primer planeta del mismo tamaño que la Tierra que fue detectado en la zona habitable de su estrella. Se encuentra a 490 años luz de distancia y sin duda se trata de un mundo rocoso y con muchas posibilidades de tener agua. Su año dura 130 días terrestres y su temperatura ronda los 45 grados bajo cero. Alrededor de la misma estrella se han encontrado ya otros cuatro planetas.

8Gliese 581 g

Es, quizá, el más polémico de los exoplanetas. Su hallazgo fue anunciado en septiembre de 2010 y puesto en duda apenas unas semanas después. Pero nuevos datos parecen haber "resucitado" a este mundo. A la espera de una confirmación oficial, si realmente existiera sería el sueño de cualquier astrónomo, con un IST (Indice de Similitud a la Tierra) superior al de cualquier planeta conocido. De hecho, se trata de un mundo rocoso, de tamaño similar a la Tierra y que se encuentra, además, en la «zona de habitabilidad» de su estrella.

9Kepler 22 b

Fue el primer exoplaneta descubrierto dentro de la zona de habitabilidad de su estrella, esto es, donde la temperatura es adecuada para que haya agua líquida. Fue en diciembre de 2011. Está a 600 años luz de distancia y es 2,4 veces mayor que la Tierra. Se estima que su temperatura superficial media es de 22 grados centígrados, apta para la vida.

0HD 85512 b

Descubierto en 2011, es 3,6 veces más masivo que la Tierra y se encuentra a 35 años luz de distancia. Está en órbita de una enana naranja mucho más fría que el Sol, aunque solo se encuentra a unos 38 millones de km. de distancia de ella y recibe, por lo tanto, prácticamente la misma energía solar que nuestro planet (que está a 150 millones de km. del Sol). Es un firme candidato a tener agua, y vida, en su superficie.



























































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